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Duele “Testimonios por la Vida”

30 de junio de 2015

Por Josefina Lemaitre

wpid-wp-1434249120070A través de mi página “Testimonios por la Vida” he tenido el privilegio de conocer las historias de muchas mujeres chilenas y extranjeras. A diario nos escriben relatando sus experiencias de vida, dolor y amor. Son mujeres valientes, luchadoras, madres jóvenes, a veces demasiado jóvenes;  abusadas sexualmente, maltratadas física y psicológicamente, solas, angustiadas; alegres, resilientes, agradecidas y siempre conscientes del valor de cada vida en este mundo.

A pesar de la esperanza que hay en cada historia y de la alegría de aquellas que acogieron la vida de sus hijos e hijas en medio de inmensas dificultades, cada testimonio duele. Duele el cuerpo, duele el alma, duele la realidad en la que muchas de ellas viven.

Duele ver un sistema de salud tan precario, con la necesidad urgente de un trato más humano hacia mujeres que necesitan el máximo de contención, porque están entregando su vida y la vida de sus hijos en manos de  profesionales que no están suficientemente capacitados.
Duele ver las humillaciones y abusos de su entorno más cercano. Duele ver cómo se propone con tanta liviandad y urgencia el aborto como “solución” a mujeres que piden a gritos otras soluciones que conlleven respeto y no renuncia a su maternidad. No todas, pero la gran mayoría de ellas ¡quieren a sus hijos! sin embargo, se enfrentan a un entorno de tal vulnerabilidad que a veces no ven otra salida. Duele ver el anhelo de salir de esa realidad junto a sus hijos, no sin ellos, y más duele aún que el Estado haga oídos sordos a esa realidad.

Duele ver la indiferencia de todos los que se escandalizan cuando escuchan la palabra aborto, pero se esconden detrás de la comodidad, de la seguridad de su ambiente. Duele ver cómo juzgan, cómo critican y cómo siguen pasivos frente a una realidad que, aunque muchos no lo crean, está en ellos cambiar.
Duele especialmente ver cómo muchos juzgan el aborto como una atrocidad, pero lo justifican frente a tres causales. Duele porque ese ser humano que encuentran tan terrible matar con el aborto libre, no cambia su calidad de persona por su condición de salud o las circunstancias que lo rodean. Duele ver cómo son capaces de validar que una madre llegue al extremo de matar a su hijo en algunas ocasiones, como si fuera una solución a algo matar a otro cuando no cumple ciertos requisitos.

Duele ver el engaño de grupos pseudo feministas que hacen nada o muy poco por acompañar a las mujeres en lo que están viviendo y ponen menos esfuerzo aún en ofrecer medios que la ayuden a superar las causas que la llevan a abortar.
Duele ver cómo muchas autoridades se dejan llevar por la ambición echando mano a la demagogia para engañar, ocultar la realidad, cerrar programas de apoyo -para colmo- haciéndonos creer que realmente les importan las mujeres.
Duele, pero lo que no te mata, te hace más fuerte.

Así es, somos muchos, cada vez más; somos diversos y sí nos importa la mujer y sus hijos nacidos y por nacer. No queremos el camino fácil, porque ése es el que agrede y perpetúa la violencia, dejando huellas imborrables. Nuestras mujeres son luchadoras  y no están dispuestas a rendirse, por eso yo tampoco. Y a pesar del dolor, la luz de esperanza se ve representada en cada hijo o hija que esa mujer pudo acoger sola o en compañía. Aunque ese niño o niña hoy la acompañe desde otro lugar,  toda mujer tiene derecho a que ese paso lo dé en sus brazos y no en un basurero. Lo mínimo que les debemos a nuestras mujeres, quienes pueden amar sin límites ni condiciones, es combatir  la  adversidad  e injusticia que enfrentan, haciendo un país más humano,  inclusivo y que lucha por los derechos humanos de todos.

Fuente: MmReivindica

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