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La Felicidad…¿Un derecho?

17 de octubre de 2015

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Por Paula Serrano

La palabra es antigua, viene del latín y se define como el estado de ánimo, como la emoción ante la posesión de un bien. Se refería en sus orígenes al contentamiento ante una cosecha abundante, ante lo que siente el soldado que gana la guerra. O sea, se refiere a algo que pasa luego de un proceso duro de trabajo o de lucha por algo que nos importa mucho. Por ende es escasa.No podemos sentir felicidad a cada rato. Porque la felicidad solo es posible después de un esfuerzo o un sacrificio que dura en el tiempo.

Hoy, se ha transformado en una meta inmediata y peligrosa. Algunos ejemplos: el sobre consumo o la adicción al consumo. Se busca una felicidad inmediata y se obtiene. Solo que dura unos instantes. Entre el impulso de la compra, la posesión del bien y el goce hay un tiempo de trabajo y de espera corto que luego se esfuma. Es la felicidad sin sufrimiento, sin esfuerzo.

Más grave aún… la felicidad es hoy una obligación y un derecho.

Imposible.

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La felicidad solo es posible si conocemos el dolor, el cansancio, el sufrimiento. Y a veces la vida nos regala o nosotros nos creamos un pequeño espacio de felicidad. Es tan corto que hay que aprisionarla para que se vaya acumulando y podamos ser personas agradecidas, contentas, satisfechas.
Las parejas, por ejemplo, no solo quieren ser felices sino que estiman que el otro/a debe hacernos felices. Eso es una utopía. Es lindo y bueno tener utopías para tener un sentido de búsqueda en la existencia. Pero si creemos en el derecho a ser feliz, nos frustramos cuando no aparece.

“Es que ella no me hace feliz”, dice el marido. O “Hace muchos años que ya no soy feliz con él”, dice la mujer. Ni ella puede hacerme feliz ni yo puedo creer que otro me puede hacer feliz en forma sistemática por muchos años. Podemos querernos, respetarnos, ayudarnos, atraernos, divertirnos, pero ¿hacernos felices?

Es deber de cada miembro de la pareja buscar momentos felices de a dos. Momentos felices que sumados nos dan de la vida común una visión positiva.
Porque es escasa, la felicidad merece una actitud de pudor, de humildad, de búsqueda.
Capaz que la tendencia a la queja constante en Chile venga de que no hemos leído a los griegos, de que no hemos visto la vida de la humanidad antes de nosotros. O sea, de que creemos que la felicidad es un derecho. Y no.  Es un deber buscarla si queremos ser mentalmente sanos.

O cambiamos la palabra felicidad por alegría, gozo, paz, serenidad, euforia, o vamos a transformar una linda utopía en un deber. Peor aún, un deber que nos deben otros.

Entonces ya no habrá sueños ni acumulación de instantes, habrá frustración y rabia.

fuente: Emol

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