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La Madre Naturaleza necesita a sus hijas

19 de marzo de 2018
El proyecto Homeward Bound rumbo a la Antártida, es un proyecto creado hace algunos años, cuyo  objetivo es estudiar los efectos del cambio climático y reivindicar el rol de la mujer en la ciencia. Una aventura de crecimiento y un despertar a nivel planetario con liderazgo femenino. En febrero un grupo de 76 mujeres volvió a embarcarse en la expedición.  Representantes de Venezuela, México, Colombia, Perú y España harán que se escuche hablar español en éste proyecto Homeward Bound.

 “Lo que haces marca una diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres marcar”. Las palabras de Jane Goodall deben de haber resonado en más de una de las 76 mentes a bordo de un barco en aguas heladas, allí, casi en “el fin del mundo”. La diferencia que propone la conservacionista inglesa cobró un sentido especial para astrónomas, ingenieras, físicas, comunicadoras, médicas y científicas de distintas partes del mundo que decidieron ser protagonistas de una experiencia planetaria: el proyecto Homeward Bound. 

“Se trata de una innovadora iniciativa de liderazgo, estrategia y ciencia, con la Antártida como telón de fondo. Su objetivo es aumentar la influencia y el impacto de las mujeres con antecedentes científicos, para incidir en la política y en la toma decisiones”, explican desde la organización, fundada por la activista ambiental Fabian Dattner y la modeladora ecológica antártica Marina Jess Melbourne Thomas, ambas australianas, y subrayan la problemática del cambio climático como eje transversal para “darle una nueva forma al planeta”.   

El objetivo del proyecto es tan ambicioso como inspirador: empoderar a mil mujeres en la Antártida en los próximos diez años. Setenta y seis mujeres ya iniciaron la aventura. 

Con la Argentina como punto de encuentro el 19 de febrero, se inició una nueva travesía. Pero fue el 2 de diciembre de 2016 que el primer grupo de mujeres inició la travesía a la Antártida. Compartieron doce jornadas de liderazgo y capacitación en planificación estratégica a cargo de expertos y seis días de educación científica para comprender las problemáticas ambientales que atraviesa el mundo. Antes de viajar, recibieron apoyo del sector público y privado, y de plataformas colaborativas de crowdfunding. 

 

Un mundo en cambio

La Antártida es una de las regiones donde se advierten de forma más rápida y visible los efectos del cambio climático, producto de un sistema de producción y consumo para satisfacer las necesidades humanas basado en la explotación de combustibles fósiles. Allí, el calentamiento se hace sentir: según datos de la Organización Meteorológica Mundial, el pasado 1 de marzo se registró la temperatura más alta en los últimos cuarenta y tres años, 17,5 °C, lo que igualó el clima de ese día en la desértica El Cairo. Esto incide en la disminución de la capa de hielo: en enero de este año era de 1,1 millones de kilómetros de extensión, 22,8% menos de lo que medía entre 1981 y 2010. 

Desde Homeward Bound suman un argumento: “El continente antártico es icónico como ambiente salvaje, hermoso y único que ha capturado la imaginación de muchos líderes en el pasado. Buscamos crear lazos fuertes, inspirar a la acción e impulsar colaboraciones extraordinarias entre mujeres”. 

La investigadora australiana Samantha Grover confiesa: “Mientras trabajaba en el estudio del cambio climático, me di cuenta de que tomar contacto y vincularme con otras científicas dedicadas a temas complementarios era más valioso que el contenido mismo”. Su compañera de viaje, la bióloga francesa Deborah Pardo, identificó el impacto en las especies del continente: “Cuando ves colonias de pingüinos vacías, advertís que están moviéndose por el aumento de las temperaturas. Si la Tierra sigue calentándose, no tendrán ningún lugar adonde ir”. 

 

Un mundo nuevo

¿Cómo se sigue después de la primera aventura? El proyecto Homeward Bound no es solo un viaje a la Antártida. Su trabajo con cada una de las mujeres perdura durante un año para continuar fomentando su liderazgo en sus respectivos ámbitos de trabajo. Hoy Pardo ayuda a otra científica a buscar fondos para la segunda etapa, organiza un viaje escolar a la Antártida, y trabaja con otras compañeras de la travesía para alcanzar sus objetivos concretos de liderazgo. Samantha Grover hizo cambios en su vida laboral y personal, hoy se considera más feliz y exitosa, comparte los conocimientos adquiridos y se apoya en sus compañeras para seguir aprendiendo. Por su parte, Araya trabaja por una Costa Rica libre de combustibles fósiles a través de la promoción de la movilidad eléctrica. Todas coinciden en algo: “Fue una experiencia de cambio de vida”.

“Lo que uno siente cuando está en la Antártida es amor. Ese amor especial por la naturaleza. Causa mucho dolor ver el impacto negativo que le estamos generando”, agrega Araya para terminar. El lema de la campaña de Homeward Bound las inspiró a todas y es tan simple como complejo, tan provocador como estimulante: “La Madre Naturaleza  necesita a sus hijas”. El pedido fue escuchado y sus hijas ya empezaron a actuar.

Lee todo el artículo en : revista Sophia

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