Bordadoras de Baker, mujeres crean arte en la Patagonia

Me encontré con éste interesante articulo  en la página de Ladera Sur, donde cuentan sobre las mujeres bordadoras del Baker. Viajaron al sur de la región de Aysen donde todavía es posible encontrar mujeres que bordan a mano prendas tradicionales de sus vidas camperas.  Ellas y sus oficios son un verdadero patrimonio que tiene que continuar, es por eso que les comparto éstas historias para que valoremos ese arte que está tan escondido en el sur de nuestro país.

Sus diseños se inspiran en flores que ellas mismas cultivan en sus jardines y que dan vida a una colorida tradición que parecía casi olvidada en la Patagonia. 

Catalina Camus  es la investigadora tras éste proyecto, aquí pueden conocer toda la investigación y difusión audiovisual Bordadoras del Baker, que busca revalorizar un oficio que se ha ido transmitiendo entre abuelas, madres e hijas, y que se adentra en el universo femenino de este fascinante territorio.

La historia de Eloisa Escobar

A sus 84 años, es el fiel reflejo de la mujer en las profundidades rurales de la Patagonia. Borda, esquila, teje, jardinea, monta a caballo, hace quesos, siembra, carnea, pica leña, cocina, cría gallinas y otros animales

Muchos oficios y talentos son parte de sus vidas en medio de una agreste y sobrecogedora geografía. Para llegar a su campo, a orillas del lago Chacabuco y frente a un imponente cordón montañoso, bastaron ocho horas de mucho ripio y calamina desde Coyhaique. Al sur del sur, Eloísa y su familia viven en carne propia el aislamiento y la vida a un ritmo más natural, sin señal de teléfono, luz, ni electricidad, y siempre apegada a las tradiciones camperas como un fogón para humear la carne, una tetera siempre caliente para el mate y un caballo con pilcheros para subir por un bosque de ñirres rumbo a la “carretera”.

 Su casa turquesa debe ser el rincón más alegre de Cochrane, donde absolutamente todo está bordado: las cortinas, los cojines, la funda de la guitarra, el sillón, los paños, la maleta (alforja) del caballo e incluso su propio delantal. Mientras que por la ventana, se asoman las rosas, las clavelinas, las margaritas, los pensamientos y tantas otras flores que inspiran sus diseños.

Conectadas con su entorno natural, las bordadoras dan vida a prendas que, desde mediados del siglo XX, han embellecido la vida hogareña y engalanado la vestimenta gaucha, formando parte del patrimonio cultural de este territorio. Bordábamos pañuelos blancos de seda, con enormes ramos y que antiguamente usaban al cuello los hombres de campo. También las bolsas harineras que se ocupaban para las sábanas, los manteles y las servilletas… Primero dibujábamos a mano la tela y después empezábamos con el bordado, siempre con flores y con los colores más vistosos que teníamos, relata Eloísa, quien ha mantenido esta técnica “a la antigua”, es decir, sin usar moldes para diseñar, solo sus manos y su imaginación.

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Fuente : Ladera Sur